A lo largo de las tres clases que he dado con la nueva profe de lengua, tengo algunos pequeños motivos para preocuparme por su salud mental..., o al menos por la auditiva. Es genial. Le dices, por ejemplo:

- Ya es la hora, a tocado la sirena, ¿podemos salir?
Y ella te contesta tan tranquila:
- La LOE es para aprobar la religión, aunque vosotros no lo sepáis.

Y ya puede haber tocado la sirena, a ella le es indiferente.
El otro día, un chico le dijo:
- Profe, me encuentro mal...
- Así estamos todos.

Y el último ejemplo me lo contó una amiga. resulta que dijo mi amiga a la profesora:

- No entiendo esa frase.
- Yo a veces tampoco, hija.

Y no, no era ninguna frase extraña, si mal n recuerdo era una de ésas que escribe en la pizarra para que analices sintácticamente, alguna en plan: "Pepe juega con el perro del vecino en la calle". Y a tí te importa más bien poco que Pepe juegue con un perro, que lo halla robado o que lo atropelle un coche. pero es igual, tienes que analizar la frase sobre el dichoso o inventado Pepito.

¿Debería preocuparme? Es que en mi instituto, la cosa es seria, de verdad..., el otro día un alumno dijo en clase: "Profe, no oigo", pues una chica estaba leyendo para toda la clase, pero en voz demasiado baja. EL profesor le contesó: "A mí no me vengas con esas, eh?" "¡Pero que no oigo!". "Tú eso aquí no me lo dices, o te lo callas, o me lo dices en la calle", en un tono que sonaba a amenaza, del estilo "a la salida te espero".

Y mi instituto es normalito, ¿eh?, tengo una amiga cuyo profe de dibujo dice que le persiguen los extraterrestres...

Y no es broma. Lo dice.

Y luego el profesor te mira con mala cara cuándo le preguntas que en qué tómbola le dieron el título de profesor..., en serio, o es que los ganan en concursos, o es que vienen con más enchufes que la Play Station 2.